Aérea Negrot

Aérea es magia negra. El público aguardaba impaciente una vez que Skinnerbox terminó su set, dejándonos anciosos de más techno. Mientras preparaban el escenario, el clamor de la gente se hacía cada vez más alto entre risas, gritos, conversaciones y algún silbido ocasional.

Tal vez la inmensa mayoría presente en Los Pastitos no sabía que esperar de un europeo con hoodie y aquel ser sui generis que hizo el escenario suyo al ritmo del beat que comenzaba. Movimientos convulsivos, gestos de placer y aquella voz que el micrófono distorsionaba con ecos perdidos en la noche de Guanajuato. Diferentes idiomas, un solo lenguaje: techno.

El ritual dió inicio y todos los espectadores eramos el ingrediente catalizador. Recibíamos energía, recibíamos beat, haciendo temblar con los pasos de baile aquel suelo lleno de historia. El live set terminó, Aérea se apoderó de las tornamesas. Su DJ set era un viaje al inframundo, donde en ocasiones se convertía en un rito tribal con sonidos y ritmos propios de sus raíces venezolanas.

Las luces robotizadas bailaban. Los colores se desfragmentaban para cubrir a un público enardecido y ondulante cuando llegaba la euforia del drop. Todo era comunión en un solo lugar: Technojuato, como Aérea lo definió.

El olor intermitente de alguien que prendia marihuana divinizaba la ceremonia, pues los organizadores prestan oídos sordos a las diferentes drogas que son parte del espectáculo y fluyen naturalmente en el hábitat del rave cultural que se vivió ese sábado en el Festival Internacional Cervantino.

Aérea Negrot culminó la noche con la armonía de los hombres en una sola unión: el techno que sincroniza los pasos de baile.

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