El Centro de Noche

El ruido de los autos se apodera de 5 de Mayo. Se vuelve esa yugular por donde las personas transitan y le dan vida al Centro Histórico por las noches. Es el ritmo de tacones en el adoquín. Son las historias de los romances de banqueta. Es la vida alterna que cobran las calles cuando el sol se oculta.

Las farolas cubren con su luz mortecina el camino de cientos de personas. Son testigos inertes de las historias que recorren las paredes de las casonas. Los andadores, íntimos pasajes que te invitan a recorrerlos, guardan en su trayectoria amor, venganza y traiciones.

El sonido de los cubiertos chocando con los platos se escucha lejano mientras pasas por los restaurantes. Las risas cada vez más altas conforme el alcohol aumenta, invaden la atmósfera y te invitan a formar parte de ese rito nocturno. El choque de las copas con las copas, los labios con los labios, el mezcal que calienta la garganta mientras recibe el líquido divino.

Ruidos opacados por las puertas que dividen la calle de los mundos internos de cada bar. Cada célula que conforma el organismo del Centro Histórico tiene vida independiente. Los gustos convergen para satisfacer a los asistentes. Cumbia de arrabal, jazz del alma, rock melancólico, techno underground. Los ritmos se unen para crear el momento, esa atmosfera mágica que te envuelve.

La transición del tiempo nos arroja a andadores llenos de personas envueltas en cobijas, cartones y periódicos. El upside down mexicano, todo eso que no quieren que veas. Llega a nosotros ese olor rancio y de olvido. Escuchamos a lo lejos la karcher limpiando los andadores mientras poco a poco nos desprendemos de ese mood que solo el Centro por las noches nos puede otorgar.

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