Erótica de Transporte Público

El horizonte de la calle se difumina bajo la luz gris restante de las 8 de la mañana. Los automóviles esperan impacientes la luz verde mientras esperas en la banqueta una ruta 12 que no está dispuesta a aparecer. El muro metálico de graffitis desaparece: las cortinas de los negocios comienzan a elevarse sobre Zaragoza. El olor a fruta del puesto de metal oxidado recorre tus fosas nasales, mientras una canción de los Temerarios suena en una grabadora Phillips con las bocinas tronadas.

Miradas atentas. Se estiran los brazos en ese saludo al bólido de 40 plazas que detiene su implacable marcha al sonido del aire de los frenos. Las puertas se abren seductoramente; primero la izquierda, después la derecha, trastabillando. Cada escalón es un paso más para introducirte a ese mundo místico que te abraza. El sonido de la calle se opaca poco a poco por el latir de un bufer donde suena Grupo Maravilla.

Un Cristo te observa colgado del retrovisor. El ambiente espeso de calor matinal llega a tu nariz. Depositas tus $8.50 en esa mano adornada por la uña gris y larga del meñique. El roce de tus yemas con su palma hace que intercambien miradas. Retumban los vidrios con los bajos. La gente intenta embonar en ese pasillo asediado. El choque de nalgas es inminente.

Te sujetas al tubo lleno de huellas dactilares: comienza el striptease involuntario al compás del frenón. Los roces casuales aparecen; una mano vecina en el tubo, el pelo con mechones rosas en el asiento, la rodilla con el pantalón de mezclilla deslavado. Baile ondulatorio el compás del güiro, movimientos de pelvis desinterezados.

Mientras el lecho metálico avanza, los participes de esta orgía involuntaria entran y otros salen. Los ‘comper’ son el gemido necesario para que los invitados del pasillo se recorran a la parte final de su viaje. Sabes que tu parada está cerca. Pides permiso aún sabiendo que el arrimón es inevitable para llegar al éxtasis de presionar el botón naranja que no sirve y gritar sustituyendo el orgasmo por un BAJAAAN fuerte y ahogado.

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